De festival en festival, de la periferia al centro
Este año por vez primera, el estado de Puebla es parte de la Red Nacional de Festivales de Danza del INBA. Se integra a ella con el Festival Angelopolitano de Danza, un joven festival que en 2013 tendrá su segunda emisión. Inmediatamente notas salen en los periódicos y el mundillo cultural de Puebla se alegra, sin embargo, ¿qué significa realmente ser parte de esta Red? ¿es acaso que de alguna manera garantiza la visibilidad del evento?. Ya que en danza siempre estamos preocupados por crear públicos y mantenerlos interesados, ello sería sin duda motivo de alegría. O ¿es acaso que significa un apoyo económico desde el gobierno federal lo cual se traduciría (corrupciones aparte) en posibilidades de mejores espacios, mayor difusión y paga a los artistas?.
La Red existe desde inicios de los años 90, es decir se creó después de que el primer festival de danza contemporánea de México naciera: el festival Lila López de San Luis Potosí creado en 1980. Así es, el primer festival de danza, según nos cuentan los libros de historia, no comenzó en el D.F. a pesar de que ahora los congresos de la RNFD se celebren en hoteles de Reforma.
En principio cada festival es autónomo, teniendo su propia organización y curaduría, y la Red serviría como “un mecanismo operativo vinculado al financiamiento conjunto y a la aportación de recursos”, además por supuesto de punto de encuentro y diálogo. Muchos de los festivales son auspiciados por los institutos estatales de cultura, un número menor por compañías independientes o A.C. Las estadísticas globales son bastante impresionantes: 19 estados, 41 festivales, 55 ciudades, 350 compañías, 375 funciones y más de 160,500 espectadores.
Números aparte y con Puebla apenas integrándose a esta red ‘oficial’ surgen más preguntas, probablemente de respuesta más difícil que las anteriores: ¿qué tanto está ayudando esta Red a fomentar la profesionalización de la danza al interior de los estados y una investigación de vanguardia en la creación escénica?. Por lo visto en el FAD del año pasado la creación poblana aún necesita atreverse a dejar formas clásicas o fórmulas probadas. Pero esto no es de extrañarse dado que aquí los apoyos por parte de las instituciones culturales a la producción dancística no se dan tan fácilmente a propuestas innovadoras. Y como ya vimos el ser una organización independiente y tener la estabilidad económica para organizar un festival, es algo difícil.
Con las preguntas planteadas todavía sin respuestas claras, la Red es una realidad prometedora y que sin duda ha cumplido una labor importante de intercambio y reconocimiento de la periferia; sin embargo en muchas ocasiones los escenarios mexicanos (formales o alternativos) siguen oliendo a promesa, sin terminar de consolidarse. SIn embargo la red sigue estando articulada alrededor de un centro. Aprovechemos que los años por venir y lo que la comunidad dancística poblana podrá hacer del FAD u otros festivales en Puebla, es todavía un espacio vacío, listo para ser habitado y danzado.
autora: Carolina Tabares
Danza Series, La Catarina, periódico de la Universidad de Las Américas Puebla.
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